La soledad no deseada es un sentimiento negativo contrario al sentido de la vida y por tanto a la felicidad que todos pretendemos. Puede aparecer a partir de los 60 años y abarcar un gran espacio de tiempo hasta el fin de nuestros días. La soledad no deseada depende de muchísimos factores.
A partir de los cuarenta años, es conveniente fomentar un estilo de vida que minimice los factores de riesgo del sentimiento de soledad no deseada.
A continuación, presentamos una relación de objetivos, medios y actitudes que se pueden trabajar dentro de un estilo de vida que minimice el riesgo de soledad no deseada:
1. Procurar adquirir un carácter de tal modo que los demás estén a gusto a nuestro alrededor:
- Escuchar mucho.
- Ser positivo y optimista, no quejarse por nada y no buscar culpables. No dar importancia a la mayoría de cosas que suceden. No preocuparse por el futuro. Confiar en la providencia.
- Ser flexible y comprensivo con los demás.
- Ser servicial y tratar de aquello que interesa a los demás.
- Ser austero minimizando las propias necesidades.
2. Mantener relaciones sociales y amistades valiosas. Hay que salir de casa, dejar pantallas y apuntarse a alguna asociación civil, cultural, deportiva o de voluntariado, donde sea posible conocer y relacionarse con otras personas.
3. Adaptarse y aceptar las limitaciones, contrariedades, cambios y pérdidas. ¿Cómo conseguirlo? Viendo como lo hacen otros y visitando a personas mayores y enfermas.
Con una influencia más indirecta podríamos añadir:
4. Dedicar tiempo: conseguir un equilibrio entre el trabajo, el cuidado de los tuyos, el darse a los demás, la cultura y el descanso.
5. Adquirir aficiones que puedas mantener con 90 o más años. Por ejemplo: Leer, dibujar, escuchar música, pasear, cuidar un pequeño huerto o jardín, escribir en un blog, etc.
6. Cuidar la salud mental y psicológica, con especial atención al estrés, la ansiedad, el desequilibrio anímico y emocional, el perfeccionismo, los complejos, las inseguridades, las obsesiones y las adicciones.
7. Cuidar la salud física con una alimentación sana y un ejercicio físico adecuado.
Existen factores determinantes de la soledad no deseada que dependen menos de nuestro empeño personal, como son:
El tamaño de la familia, la educación conseguida con los hijos y nietos, los matrimonios rotos y, en general, los problemas de los miembros de la familia.
La falta de adaptación a la revolución digital y a un mundo nuevo que cambia a gran velocidad.
Determinadas enfermedades muy limitantes.
El estrés en la gestión del propio tiempo y de la vida familiar.
En el ámbito de la sociedad civil conviene considerar la influencia que pueden tener las iniciativas de fomentar las actividades de voluntariado para acompañar a personas que se encuentran solas y sufren una soledad no deseada. Dichas asociaciones civiles deberían presionar a los partidos políticos para que faciliten jurídicamente las condiciones de las actividades de voluntariado.
La persona que ama jamás se siente completamente sola. El olvido de sí moldea su carácter y su amabilidad se transparenta en rostros acogedores, atractivos, entrañables (Lluís Segarra, artículo “Soledades” noviembre 2022).