Para cuidar a una persona con dificultades de movilidad, prioriza tu propia ergonomía manteniendo la espalda recta y usando la fuerza de tus piernas. Planifica cada movimiento, utiliza ayudas técnicas (como sábanas deslizantes o grúas) y realiza cambios posturales cada 3-4 horas para prevenir úlceras por presión.
Técnicas seguras de movilización
Para proteger tu zona lumbar, evita hacer fuerza solo con los brazos. Utiliza el peso de tu propio cuerpo y bascula la cadera para realizar los giros.
De la cama a la silla: Asegúrate de que la silla esté frenada y forma un ángulo de 45 grados. Si el paciente colabora, coloca tus piernas contra las suyas para estabilizarlo y levántalo enderezando tus rodillas a la vez que le ayudas a pivotar.
Giro en la cama: Flexiona la pierna del paciente más alejada hacia el lado que girará y utiliza su inercia para moverlo hacia ti suavemente.
Prevención de riesgos y cuidados de la piel
La falta de movimiento afecta directamente a la circulación y a la integridad de la piel.
Úlceras por presión: Inspecciona a diario la piel (especialmente en zonas de apoyo como caderas, talones y sacro) para detectar rojeces. Mantén la piel limpia, seca y utiliza almohadas o colchones antiescaras.
Nutrición e hidratación: Una dieta rica en fibra y una adecuada ingesta de líquidos son fundamentales para evitar el estreñimiento, un problema muy común en personas encamadas.
Adaptación del entorno y ayudas
Adecuar el espacio reduce drásticamente el riesgo de caídas.
Elimina obstáculos: Retira alfombras sueltas, cables y reorganiza los muebles para crear pasillos amplios.
Apoyos para la marcha: Utiliza soportes como andadores o bastones para mantener su autonomía el mayor tiempo posible.
Dispositivos de transferencia: Familiarízate con el uso de cinturones de transferencia, sábanas deslizantes o grúas. Puedes encontrar recomendaciones sobre estos equipos en guías especializadas como las de Teleasistencia.
Para saber cómo asistir correctamente en la deambulación utilizando un cinturón de transferencia:
Apoyo emocional y comunicación
La pérdida de movilidad puede generar frustración o dependencia.
Comunícate claramente: Explica siempre qué movimiento vas a hacer antes de empezar y permite que el paciente colabore en la medida de sus posibilidades.
Cuidado del cuidador: El bienestar emocional del cuidador es clave para evitar el síndrome del cuidador quemado. Respeta su dignidad e intimidad durante el aseo, pero no dudes en buscar apoyo profesional o grupos de ayuda si te sientes desbordado.
Uso del bastón (1')
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