Las personas mayores y enfermas experimentan una mayor vulnerabilidad emocional debido al estrés que generan las pérdidas físicas, la disminución de autonomía y el dolor. Sus características psicológicas principales incluyen un enlentecimiento cognitivo, tendencia al aislamiento, riesgo elevado de depresión o ansiedad y cambios en la autoestima.
Características psicológicas principales
Reacción ante las pérdidas y la enfermedad: El impacto de la pérdida de independencia y de las capacidades físicas genera tensión y estrés continuo. Es común observar reacciones de frustración, tristeza y, en algunos casos, desesperanza o aletargamiento afectivo.
Vulnerabilidad emocional: Los adultos mayores y enfermos corren un mayor riesgo de desarrollar ansiedad y depresión. Estas condiciones a menudo se manifiestan a través de alteraciones en el sueño, fatiga, irritabilidad o quejas somáticas, más que mediante una expresión directa de tristeza.
Deterioro cognitivo y enlentecimiento: Se produce una reducción en la velocidad de procesamiento, lo que exige más tiempo para el aprendizaje y la comprensión de nueva información. La memoria a corto plazo también suele mostrar signos de declive, pudiendo derivar en trastornos neurocognitivos en casos más severos.
Pérdida de autoestima: La dependencia de terceros, las limitaciones físicas y la percepción de falta de propósito pueden afectar profundamente el autoconcepto, provocando que la persona se sienta una carga o infravalorada.
Aislamiento social y soledad: El entorno de la persona suele reducirse debido a la jubilación, la pérdida de amigos o cónyuges, y las dificultades de movilidad. Esto, sumado a los problemas de salud física, puede resultar en el aislamiento.
La psicología clínica destaca que estas reacciones dependerán en gran medida de la resiliencia, los rasgos de personalidad previos y la red de apoyo con la que cuente la persona.
En resumen:
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